MARIA

EN MARIA OLIVA Y EN SU CARISMA

Barcelona – Hijos de la Iglesia

Lucia Alonso

"Respiramos Maria" revela una forma humilde y profunda de vivir el Cristo y de glorificar a Dios.

 

«Las Hijas de la Iglesia hubieran querido llamarse siervas, porque María Santísima se llamó sierva» 

Con estas palabras, nuestra Madre Fundadora Madre María Oliva Bonaldo del Cuerpo Místico, comienza su primer Estatuto escrito en el 1933, cuando aún no habíamos nacido como Instituto.
Cuando en el 1938, nacimos, muchas personas se extrañaban que la Madre no nos hubiera dado un nombre mariano.
En realidad llamándonos “hijas”, nos ha puesto en el corazón del misterio de amor del Padre, del cual María es centro y expresión luminosa.
 
No podía llamarnos “siervas”; somos “hijas porque -afirma- el Espíritu dice a nuestro espíritu que somos hijos de Dios”. María se llamó sierva, pero Jesús nunca la ha llamado así y para ella ha usado solamente el título de “Señora”; nosotras también, por lo tanto nos llamamos con el nombre de nobleza que Jesús nos ha regalado encarnándose en Ella: realmente “hijas”, invitadas a sentarnos, por llevar este título alrededor de la mesa del Señor.
La palabra Hija indica siempre relación a la madre. Aunque la Fundadora, no haya hecho nunca un tratado sistemático sobre la función materna de la Iglesia, tiene como telón de fondo en sus escritos, la ternura con la cual se expresa hacia esta "nuestra madre" esta "santa madre Iglesia" es inseparable de la figura de María, su modelo realizado y admirable: 

Nada es más hermoso en la creación que Ella. Nada más hermoso que la Iglesia que resplandece en Ella! (Cf. L.G. 68)

La contemplación de una sumerge en la contemplación de la otra. La Madre en el 1966 dice:
El misterio de la Iglesia se ilumina en María, se deja más fácilmente descubrir. Para contemplar a la Iglesia basta contemplar a María y para ser Iglesia, el misterio de fe y caridad, basta imitar la fe y la caridad de María”. 
No solamente contemplación, por lo tanto, sino realización de nuestro “ser Iglesia” siguiendo las huellas de la Virgen, haciendo germinar y crecer la simiente bautismal, según su normal desarrollo; hasta llegar a la madurez de las virtudes teologales, nuestro precioso ajuar de hijos; este texto está también en las Constituciones actuales (n. 6,1) propio en el primer capitulo referente al Carisma del Instituto
Nuestra presencia en la Iglesia, como hijas que quieren explicitar, también con el nombre la conciencia de la pertenencia a esta Iglesia, de verdad no se realizaría si no tuvieran como referencia María que es la plena realización y la imagen perfecta.
Ser Iglesia”, lo acabamos de decir, significa llevar a maduración la consagración bautismal.
Madre María Oliva profundizando el misterio de María ciertamente se ha inspirado al tratado sobre la verdadera devoción y al Secreto de María de San Luís Griñón de Montfort. Ha estudiado la espiritualidad, la ha asimilada y enseñada. la ha indicado al Instituto como “segura” y la ha privilegiada; de todas formas ella hizo una reelaboración personal muy interesante y “femenina” de la doctrina monfortiana.
 

RESPIRAMOS MARÍA

Es la única obra en la que la Madre desarrolla su pensamiento mariano de una forma estructural (además de su tesis de laurea 1931, estudio sobre la Virgen en el Humanismo). Respiramos María es un opúsculo escrito en el 1935 para nosotras “aún no nacidas”; la doctrina contenida en este texto es como un hilo de oro; una enseñanza que la Madre nos fue dando a lo largo de toda su vida.
Las fuentes donde la Madre se inspira son: la Sagrada Escritura, la Liturgia, los Padres de la Iglesia y como ya hemos dicho, el Tratado del Monfort sobre la Verdadera Devoción y el Secreto de María. Su originalidad es la manera de utilizar los textos como un bordado precioso para hacernos comprender y apreciar el misterio de María. Muy importante y rara en aquel tiempo es la atención que la Madre da a la relación: María-Iglesia.
La impostación del opúsculo es trinitaria; la Virgen María es contemplada (es la palabra que la Madre usa) en relación a la obra salvadora del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El punto de partida es muy sencillo, elemental: sin aire no hay vida.
El respiro es la expresión inmediata: ¡lo que respira está vivo!
Antes de María éramos como tierra sin agua, peor, como tierra sin aire. En nosotros reinaba el silencio eterno, el pesado silencio de la nada. Ninguna voz bajaba del cielo y ninguna voz subía al cielo porque sin aire el sonido es imposible. Sobre este mudo desierto expiró el aire suave en el cual estaba el Señor, y su susurro un pequeño sí, resonó humilde en el silencio de la creación, como el eco de la palabra eterna de Dios” (Pág. 20, 217)
El sí de María, se hizo la voz de los hijos del Padre y, en cierto sentido, el primer sí de la creación redimida. He aquí la primera nota femenina:
Los hijos de Dios aprendieron a balbucear de los labios de su madre celestial antes de repetirlo al Padre que está en los cielos”. 
El balbuceo infantil, sobre las rodillas maternas, es la primera escuela para aprender a ponerse en relación con Dios, comunicando con él, aunque sea de una forma confusa e incierta como hacen los niños.
María, es la Madre de Jesús “respiro de nuestra boca”, y es Madre de la vida, porque dice:
no sólo nos la transmites, sino que la cambias por mística osmosis en alimento de tus hijos aún no nacidos. Por esto eres también el camino inmediato que nos une a Él” (Pág. 34). 
Los que aún no han nacido somos todos nosotros: había dicho poco antes:
San Pablo nos vio todos hermanos en tu seno, donde Cristo reconcilia en sí mismos las ínfimas cosas con las supremas, haciéndonos una sola unidad con Él, un solo cuerpo que realiza su desarrollo en el amor” (Pág. 33).
Subrayo también aquí una nota muy femenina:
entre María-Madre y nosotros-Hijos se realiza una “mística osmosis”.
En el vientre materno en el que se ha formado Cristo, decía el P. Montfort, es necesario que se formen también los cristianos; no obstante él usa la imagen del molde, de la forma, que hace pensar a algo de inerte …
La osmosis sugiere una relación de mayor dinamismo, reciprocidad, de intima compenetración; casi quisiera decir, una vida filtrada en la otra.
Y no solamente la vida de la madre se transmite en la vida de los hijos; una tercera persona vive continuamente en este vientre fecundo, porque:
respirando cerca de tu corazón, o madre, se respira Jesús” (Pág. 35).

El Espíritu Santo , dice la Escritura: “inspira donde quiere y no se sabe de donde viene , ni donde venga(Jn 3,8).

En María va siempre, de María viene siempre, inspira siempre en este pacifico reino de Dios que es paz y alegría en el Espíritu Santo(Rm 14, 17)…Inspiró en Ella con todas sus gracias, con los perfumes de sus inspiraciones, con sabores de sus frutos, con el gozo de sus bienaventuranzas, con la gloria de sus carismas, con los tesoros de sus promesas, y por siempre 

La misión universal de María es, por lo tanto, la de llevarnos en el vientre hasta que Cristo no será formado en nosotros, o sea hasta nuestro dies natalis, en el que nos dará a la luz de la vida eterna.
La Madre nos dice:
Pensad con su mente, amad con su corazón; respiradla: yo no sé encontrar mejores expresiones que digan lo que tendíamos que hacer para que fuera vida de nuestra vida”. 
Yendo más en profundidad, la espiritualidad mariana que la Madre María Oliva sugiere consiste en vivir en María como criaturas en gestación.
En esta propuesta se puede captar un acento particular y propio, realmente es una expresión del Monfort “con María, por María, en María, por medio de María”. Nuestra Fundadora subraya sobre todo el en y prefiere la trilogía con - por - en, que tiene el sabor de la doxología de la celebración Eucarística.
Podríamos decir que María constituye como el “ambiente natural” el que nuestra vida personal y comunitaria encuentra un sentido, y un humus vital.
Nuestra pequeña Congregación subsistirá solamente si respirará María, quedando informe, imperfecta, no nacida, en su seno”.
“…Todas estamos decididas a escondernos en Ella para siempre, y así vivir escondidas con Jesús en Dios. Es plenamente el misterio de nuestra incorporación “.
 
En el corazón del misterio eclesial, María es punto de referencia ineludible para realizar nuestra vocación eclesial: 

Es el “vinculo humano” con el cual Dios nos ha atraído a sí (cf. Os 11, 14) desde la eternidad; es el” montecito de grano” que nos ha dado el “único Pan” por el cual formamos un solo cuerpo en la Iglesia…”(Este texto tiene una nota Eucarística muy importante)

Somos Iglesia por Ella, somos Hijas e Hijos de la Iglesia por Ella. María está presente en nuestra casa, en nuestra mesa, en nuestra vida, en nuestra historia y hasta en nuestroshumildes acontecimientos, como el aire que no se ve, no se nota no sonríe, no resplandece, no abraza, pero penetra todo, sostiene todo, vivifica todo”.
Si, porque todo lo que se vive en María es lo que se vive en la Iglesia:
Vivir, en la Iglesia es respirar y moverse como Ella como el que aún no ha nacido en el seno de la madre. Es una exigencia del misterio de la incorporación. El que aún no ha nacido, tiene sólo las iniciativas que tiene su madre. No puede no tenerlas.
Tiene necesidad de vivir en ella y por ella”. (Comentario al cap. VI de L.G. n.44).
Pero, ¿Cuáles son las exigencias de esta Madre? no se trata de quedarse de una forma intimista aferrados a ella: involucrarse con María en el misterio de la Iglesia conlleva interesarse de todo aquello que le interesa a El y por lo que toda la Iglesia se compromete. Una tarea materna de promoción de la vida que no se puede olvidar y que hay que tenerla presente en las situaciones concretas en las que la Iglesia misma obra.
Por lo tanto:
La Iglesia no es una institución ideal, sino vital: el misterio de la salvación coincide con el misterio de la vida. La Iglesia colabora con Dios para la salvación eterna de la vida humana y cada expresión de vida es objeto de su cariño y atenciones maternas. Por esto es y es llamada Madre y nosotros somos Iglesia en la medida que seamos y nos llamen madres(Comentario al c. VII de L.G. n48).
Se trata de colaborar con María y con la Iglesia, por la salvación de la humanidad...
La Madre ha insistido con energía sobre nuestro primer ideal: 
El ideal de los primeros años “por la Iglesia y por el mundo” no puede perder el color: es nuestro compromiso bautismal que, nuestra consagración y nuestro particular carisma tiene que hacer siempre más consciente y eficiente